Ortega y el rollito de la juventú, un problema de incentivos

Decía Ortega, hace un siglo más o menos que

Esta esquividad para toda obligación [referida a la absoluta falta de necesidad que tiene el hombre-masa de atenerse a la verdad o a la educación] explica, en parte, el fenómeno, entre ridículo y escandaloso, de que se haya hecho en nuestros días una plataforma de la «juventud» como tal. Quizá no ofrezca nuestro tiempo rasgo más grotesco. Las gentes, cómicamente, se declaran «jóvenes» porque han oído que el joven tiene más derechos que obligaciones, ya que puede demorar el cumplimiento de éstas hasta las calendas griegas de la madurez. Siempre el joven, como tal, se ha considerado eximido de hacer o haber hecho ya hazañas. Siempre ha vivido de crédito. Esto se halla en la naturaleza de lo humano. Era como un falso derecho, entre irónico y tierno, que los no jóvenes concedían a los motes. Pero es estupefaciente que ahora lo tomen éstos como un derecho efectivo, precisamente para atribuirse todos los demás que pertenecen sólo a quien haya hecho ya algo.

Aunque parezca mentira, ha llegado a hacerse de la juventud un chantaje. En realidad, vivimos un tiempo de chantaje universal que toma dos formas de mohín complementario: hay el chantaje de la violencia y el chantaje del humorismo. Con uno o con otro se aspira siempre a lo mismo: que el inferior, que el hombre vulgar, pueda sentirse eximido de toda supeditación.

Nunca han dejado de sorprenderme las campañas de juventud del ayuntamiento, esas que extienden la noción de joven hasta los 35 años. 35 tacazos de “perdonillas”, de subvenciones y apaños. De menosprecios tácitos, en fin: no de ésos que molestan por la chulería de quien los profiere, sino de los que calan en el subconsciente por la dichosa condescendencia con que se dejan caer, con la rotundidad de las coletillas: “aún es joven, todos lo hemos pasado mal al principio”.

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Wikileaks: Los hackers se han hecho mayores

La cultura hacker, aquella que pregonaba que “la información quiere ser libre y que nació trasteando con los primeros ordenadores personales se ha hecho mayor. Y aunque ya hace tiempo que se dieron cuenta de que el poder no estaba en los cacharritos, sino en el potencial que estos daban sobre el mundo real, al resto de la humanidad le ha llevado algo más de tiempo darse cuenta de su asalto al poder.

Steward Brand, ideólogo del "Whole Earth Catalogue" y de gente como Jobs y Assange

Y claro, como casi todo, les ha estallado en las manos. Igual que la productividad de los ordenadores, asunto sobre el que había un gran consenso social pero que no aparecía en el residuo de Solow ni a patadas, llegó de repente; la tangibilidad de internet empezará a adquirir una relevancia TOTAL en los 5 años que viene.

Y sí, de nosotros, y de cómo gestionemos la generación de escasez (hola iPad, gracias por darme un botoncito para el tuenti y otro para el facebook, ¿quién necesita el navegador?; hola Timofónica, gracias por coartar la red neutra) dependerá dónde lleguemos (adiós, señorías, gracias por demostrar que entienden el problema de la neutralidad en la red y que están comprometidos con el mismo).

De momento, Wikileaks pone de manifiesto que se puede hacer periodismo de investigación sin un inmenso respaldo de dinero. Algo que, como decía Rudsbirger en El País (“Pero ese tipo de reporterismo (de investigación) es caro, y pensamos que no es demasiado sexy, así que dejamos de hacerlo”) pensaron y piensan muchos que es imposible, incluidos los que como él esperan que el iPad les salve postergando un modelo caduco.

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“Plácido” de Berlanga: El riesgo moral del espíritu navideño

Hoy me recordaba una amiga que estamos en adviento, tiempo de preparación para la navidad. Pero yo ni en estas fechas, y por mucho que el Corte Inglés se empeñe en felicitarme el cumpleaños cada vez que paso por la carretera, pierdo mi vicio de ser economista. Y mira que cuando me ha dicho lo del adviento, me ha dado por pensar que lo de poner los carteles antes del puente de la Constitución igual no es para felicitarme. De ahí, a pensar que éso pudiera tener algo que ver con que mi blog no tenga tanta repercusión como para que El Corte Inglés me haga la pelota, y desestabilizarme, “dos patás”.

Pero bueno, como es adviento, y hay que prepararse para las buenas obras, os hablaré de las consecuencias económicas tan frikis que se sacan de la navideña peli Plácido, de Berlanga. Que total, de Irlanda ya hablan en cualquier lado.

Luis García Berlanga, tristemente fallecido hace pocos días, era la clase de humanista que vivía exasperado por la estupidez rampante entre el común de los mortales. Y como el tipo inteligente que era, conocía que la única manera de enfrentar la epidemia era el humor. Aunque bien pensado, no se si hay algún humanista que no sienta constantemente esa tensión entre trabajar para los demás, y tener que hacerlo con ellos (horreur) a la vez. Ahí solamente el humor te puede salvar de la quema así que quizás, en el fondo, sólo fuera un superviviente.

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