Fight of the Century | EconStories.tv

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Divertidísima pelea de gallos entre dos verborreicos Hayek y Keynes… (la vuelta).

Ni Guardiola y Mauriño oiga: Bocazas, paliza farisea, ayudas arbitrales… juzguen ustedes mismos… IMPERDIBLE !! :D

 

Os pego la letra también :)

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Poniendo nuestras barbas en remojo: Japón no perdió tanto en su década perdida

Me ha llamado la atención una corriente, de la que yo me he percatado últimamente pero que puede llevar amplio tiempo circulando, que llama a recalificar como si de un terreno se tratase la “década perdida” japonesa. Como sabéis, Japón sufrió a principios de los años 90 una fuerte contracción en sus tasas de crecimiento tras un pinchazo inmobiliario, y una trampa de liquidez de libro (con el banco central pagando unos tipos de interés bajísimos y sin conseguir reactivar la economía) que derivó en bancos zombies (de esos que andan por el mundo sin soltar un duro, muertitos y coleando vaya) y otras cuantas situaciones deflacionarias económicamente espeluznantes. A este panorama se le viene llamando, como ya digo, “la década perdida japonesa”, y es posible que os suene especialmente si leéis a Krugman con asiduidad.

El caso es que ahora que Occidente -unos más que otros- anda en una situación similar a la nipona, da la impresión, al menos a primera vista, de que se vuelve apropiado plantearnos la etiqueta de marras. El problema no es el poner de relieve que los japoneses sigan viviendo bien tras una aguda crisis y que por tanto no hay que perder el optimismo. O enfatizar que, a pesar de muchos datos, seguimos siendo un país atractivo para vivir. El problema viene, muchas veces, de denostar las herramientas “usuales” o más conocidas de la ciencia económica por ser contradictorias con la realidad, no queriendo ver aquellas plenamente útiles para explicar ese bienestar (curiosamente las mismas a las que entonces, cuando se ganaba con ello, les tocaba ser despreciadas). Leer más de este artículo

Ortega y el rollito de la juventú, un problema de incentivos

Decía Ortega, hace un siglo más o menos que

Esta esquividad para toda obligación [referida a la absoluta falta de necesidad que tiene el hombre-masa de atenerse a la verdad o a la educación] explica, en parte, el fenómeno, entre ridículo y escandaloso, de que se haya hecho en nuestros días una plataforma de la «juventud» como tal. Quizá no ofrezca nuestro tiempo rasgo más grotesco. Las gentes, cómicamente, se declaran «jóvenes» porque han oído que el joven tiene más derechos que obligaciones, ya que puede demorar el cumplimiento de éstas hasta las calendas griegas de la madurez. Siempre el joven, como tal, se ha considerado eximido de hacer o haber hecho ya hazañas. Siempre ha vivido de crédito. Esto se halla en la naturaleza de lo humano. Era como un falso derecho, entre irónico y tierno, que los no jóvenes concedían a los motes. Pero es estupefaciente que ahora lo tomen éstos como un derecho efectivo, precisamente para atribuirse todos los demás que pertenecen sólo a quien haya hecho ya algo.

Aunque parezca mentira, ha llegado a hacerse de la juventud un chantaje. En realidad, vivimos un tiempo de chantaje universal que toma dos formas de mohín complementario: hay el chantaje de la violencia y el chantaje del humorismo. Con uno o con otro se aspira siempre a lo mismo: que el inferior, que el hombre vulgar, pueda sentirse eximido de toda supeditación.

Nunca han dejado de sorprenderme las campañas de juventud del ayuntamiento, esas que extienden la noción de joven hasta los 35 años. 35 tacazos de “perdonillas”, de subvenciones y apaños. De menosprecios tácitos, en fin: no de ésos que molestan por la chulería de quien los profiere, sino de los que calan en el subconsciente por la dichosa condescendencia con que se dejan caer, con la rotundidad de las coletillas: “aún es joven, todos lo hemos pasado mal al principio”.

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“Plácido” de Berlanga: El riesgo moral del espíritu navideño

Hoy me recordaba una amiga que estamos en adviento, tiempo de preparación para la navidad. Pero yo ni en estas fechas, y por mucho que el Corte Inglés se empeñe en felicitarme el cumpleaños cada vez que paso por la carretera, pierdo mi vicio de ser economista. Y mira que cuando me ha dicho lo del adviento, me ha dado por pensar que lo de poner los carteles antes del puente de la Constitución igual no es para felicitarme. De ahí, a pensar que éso pudiera tener algo que ver con que mi blog no tenga tanta repercusión como para que El Corte Inglés me haga la pelota, y desestabilizarme, “dos patás”.

Pero bueno, como es adviento, y hay que prepararse para las buenas obras, os hablaré de las consecuencias económicas tan frikis que se sacan de la navideña peli Plácido, de Berlanga. Que total, de Irlanda ya hablan en cualquier lado.

Luis García Berlanga, tristemente fallecido hace pocos días, era la clase de humanista que vivía exasperado por la estupidez rampante entre el común de los mortales. Y como el tipo inteligente que era, conocía que la única manera de enfrentar la epidemia era el humor. Aunque bien pensado, no se si hay algún humanista que no sienta constantemente esa tensión entre trabajar para los demás, y tener que hacerlo con ellos (horreur) a la vez. Ahí solamente el humor te puede salvar de la quema así que quizás, en el fondo, sólo fuera un superviviente.

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Viva la plataforma cívica

Vía Mi mesa cojea

“Lo que es evidente es que los buscadores de Internet utilizan nuestras redes sin pagarnos nada, lo cual es una suerte para ellos y una desgracia para nosotros. Pero eso no puede seguir, es evidente.” Declaraciones en la ETB

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Chincháos que el papel es nuestro e imprimimos lo que queremos

Esta vendría a ser la versión china del viejo “mi pelota es mía y tu no juegas, y como me canses me la subo p’a casa” (y las evoluciones diversas que, con la edad, el mismo precepto adquiere hacia ostentosas afirmaciones que involucran las gónadas)

Pues parece que esto mismo (bueno, o algo parecido) le comentó Hu Jintao a Obama en la última cumbre del G20 en Seúl. El americano (parece un chiste) no estuvo rápido para replicarle que la imprenta es occidental, pero para el caso dió lo mismo.

Y digo que ésto tuvo que ser así porque si no, ¿cómo se explica que un país que imprime moneda a mansalva para comprar una divisa extranjera se lleve las manos a la cabeza por una nimia “flexibilización cuantitativa”? Es muy curioso que sea precisamente China quien más clama porque se mantenga abierto y sin trabas el comercio internacional.

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El Erasmus: ¿por qué Soria no atrae a la chavalada?

¿Os habéis preguntado alguna vez por qué el gobierno germanoeuropeo, además de odiar a muerte cualquier atisbo de relajación monetaria o inflación, aceptó aflojar pasta para que todos los europeítos anduviésemos por ésos mundos de Dios a tan hormonadas edades?

Los más inquietos os andaréis barruntando respuestas que involucren cuero, látex, fustas y despiporre a lo FIA. Bueno, algo de eso habrá, no lo negaré yo. Pero vamos, que descartada la cara de las perversiones, sólo podía quedar la cruz: si no hay sexo, habrá pa$ta.

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Bernanke, su helicóptero y la “quantitative easing” (fuentes)

Para los más “empollones” vayan por delante los principales recursos electrónico de donde he sacado información para la serie:

 

Desde mañana, comienza la traducción al cristiano xD

Dándole la vuelta a Suecia

Estoy leyendo, animado por un reciente artículo en El País, el libro Turning Sweden aroundde varios autores (Lindbeck, Molander, Persson, Petersson, Sandmo, Swedenborg, Thygessen). Es un compendio, similar a las propuestas sobre la crisis española presentadas por Fedea, del conjunto de medidas que un comité de economistas propuso al gobierno sueco a mediados de los 90 para salir de su particular crisis financiera.

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Obama, más de 100 días después

Comenta hoy Martin Wolf en el Financial Times (es posible que no lo podáis ver :S) la fantástica campaña de descrédito del presidente Obama que han conseguido llevar a cabo, con éxito, sus opositores republicanos.

No deja de resultar curioso, ciertamente, cómo aquel mesías esperanzador se ha disuelto, tras sus cien primeros días sin “resolver” la crisis y sin traernos el nuevo mundo que nos anunciaba. Como apunta el señor lobo, gran parte del problema viene por las expectativas creadas por su cantarina retórica, aunque creo que el influjo de ilusión que le dio a su país y al mundo fue positivo en su día.

En cualquier caso, lo que le achaca a Obama es principalmente su falta de temple, su poca determinación a la hora de pasar paquetes de estímulo (de aflojar la pasta pública para reactivar la economía, vamos) lo mismo que el últimamente tan denostado Krugman.

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