¿(Pre)parados o con malas (pre)concepciones?

Nos sorprendía ayer El País con una serie de reportajes especiales sobre la situación actual de alarmante paro juvenil en España. También he visto como varios amigos “meneaban” en sus libros de caras un post de la blogosfera de el mundo que se valía de un gráfico de the economist para ahondar en la misma línea de el país (aquí un análisis más lúcido).

En mi opinión este es uno de los temas en los que, como decía Keynes, las viejas estructuras de pensamiento nos anquilosan y embotan tanto el cerebro que nos impiden salir de la situación buscando una solución que reside en un cambio de paradigma y mentalidad por parte de estos mismos jóvenes.

Hay que vencer esta actitud derrotista que muestran la mayoría de los entrevistados.En la sociedad del miedo en la que vivimos instalados, en la que se nos deben “unos estudios, un trabajo y una pensión” que desde que nacemos se nos dan por garantizados, el temor a perder estas prerrogativas paraliza a cualquier ciudadano juicioso. Y aquí está la clave, a los juiciosos, a los sensatos. El miedo es una demostración de inteligencia, y no un motivo de verguenza.

Comprendo que el paro genera stress y ansiedad, pero que socialmente se ahonde en la autocompasión (“pobrecitos nuestros niños con lo que han estudiao”) no hace sino fomentar una actitud negativa (comparable al pobrecitos nuestros mayores, con lo que han trabajao) hacia el desempleo o hacia cualquier situación que demande un cambio.

No me apetece echar el mismo discurso sobre que “debamos espabilar y aprender a sufrir” como nos dirían los mayores. O de que no seamos revolucionarios, especialmente gracioso este.

Las revoluciones estallan cuando hay un sustrato ideológico y filosófico que oponer al paradigma reinante: la ilustración en la Revolución Francesa, el comunismo en las revoluciones obreras, o el desengaño profundo en que nos sumió Sartre tras Mayo del 68 que tanta culpa tiene de la inoperatividad actual de los viejos cauces de participación social (ya pocos se los creen). Pero, ¿en el momento actual? que alguien me explique qué revolución va a estallar si para la masa Orteguiana la alternativa son, precisamente, las instituciones más reaccionarias

Y, eso, para quién aún tiene esperanza, y no se ha reconvertido a un individualismo que, bien entendido (con una asimilación correcta del materialismo -nota: la historia de las ideas no es rebobinable, sino cíclica. Hay que digerir las situaciones para evolucionar a partir de ellas, sin obviarlas, y los ideales ilustrados no van a volver en algún tiempo-) es el único que puede sacarnos de esta. Pero, eso sí, el individualismo no genera revoluciones, y menos cuando la lucha no es de clases sino generacional (a ver quién es el guapo que “la monta” contra su padre -y hacerlo contra “su” pensión y “su” generación tapón lo es- mientras el pobre hombre le sigue subvencionando la existencia).

Retomando un poco el hilo, salir de la beatificación del miedo actual supone aceptar que nadie, ni mucho menos el estado, te debe un trabajo, sino que has de buscártelo. Y que si no tenemos empresas capaces de dar puestos de trabajo a esos “sobrecualificados”, si no buscan la forma de dar salida a sus saberes, habilidades y destrezas (autoempleo, cooperativas…) no veo yo que esa cualificación sea tan “sobre”. Pero claro, aquí ya entramos en el-párese usté, que yo me limité a pasar exámenes y gracias, que como ir a clase era obligatorio e impepinable tampoco quedaba sino pasar por el aro

Y mientras mantegamos a la universidad en su esclerosis la podremos inflar a esteroides, pero seguirá en las mismas. Y esas mismas residen en que la creatividad y la curiosidad no se enseñan, pero sí se estimulan y se incentivan. O al menos no se “extirpan”.

Que los estudiantes de ingeniería aprueben memorizando ejercicios tipo (intrincados jeroglíficos las más de las veces), y no fomentar en los de sociales la lectura, el discurrir y debatir, que créanme, aún pasa a estas alturas de la vida… solo van a seguir produciendo empleados con un título que nos cualificará para seguir copiando las innovaciones ajenas. Pero eso sí, que me den mi puestito de copista, que ya me lo he ganao.

NOTA: No pretendo crear un encarnizado debate sobre doctorandos que viven de becas y cosas así. Hay investigaciones y campos que, sencillamente no van a producir un valor económico que justifique (en el mercado laboral) el pago de tanta especialización. Estoy hablando más bien de los “si lo sé me hago un módulo” y de los “antes de litri me forraba y claro, ahora no me puedo pagar las letras del BMW”. A la universidad se debería ir con ganas y por vocación, que es cuando se trabaja para innovar; un oficio es la salida normal, muy digna y tranquila para un chico sin inquietudes (sin ánimo de ofender a la gente que si las tenga estudiando un módulo, no es una exclusión) y no al revés.

3 Responses to ¿(Pre)parados o con malas (pre)concepciones?

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